viernes, 29 de diciembre de 2006

Punto de partida

Viví casi 27 años rodeado de espacios inmensos y cercanos que protagonizaron momentos y más momentos de mi infancia, mi adolescencia y los inicios de mi adultez.

Eran las ansiadas islas dentro de un barrio inmenso de una ciudad inmensa (casi la única) de un país ya saben cual, a las que ibamos a parar muchos o pocos durante los laaaaargos intermedios de nuestras, para ser justos, pocas obligaciones...

A pesar de sus dimensiones, se hacia muy corto caminar la ciudad, incluso teniendo hambre o cansancio, y no solo por las rentables hipotenusas que hacia el cortar camino por la yerba o por las destartaladas glorietas, sino por la bondad de hacer escala en los bancos, cada vez mas escasos pero perfectamente sustituibles.


Los ultimos casi seis años he vivido a una increible distancia emocional de esos espacios, además de la distancia geográfica. Los nuevos parques de la nueva ciudad, no tan extensa pero más agotadora, son simples estructuras no edificadas, con los juegos infantiles de catálogo, los letreros de rigor y la escultura indescifrable del que ganó el concurso cuyo jurado estaba integrado por el que ganó el concurso del año pasado. Y así.

Esa sensación suma y sigue y en tal reiterada desubicación he encontrado compañeros de naufragio; todos los que vamos de nuevo en busca de ese parque con arbolitos y pajaritos, con sus bancos rotos o ausentes y sus aceras levantadas por las raices, con la yerba húmeda y el fango insistente, sus refugios encubiertos y con los bustos de gentes olvidadas.

De nuevo merecerá la pena ir cortando camino...

1 comentario:

Omar Rodríguez dijo...

Muy buen comienzo... Vamos a ver si "los parques de la memoria" nos dejan hechar raices en estas letras